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 lunes, 21 de mayo de 2012 Inicio » Actualidad » Noticias del Sector Minero   Buscar
El Tiempo, La Enfermedad Holandesa
El Tiempo, La Enfermedad Holandesa

La frase enfermedad holandesa se ha convertido en los últimos cuatro años en un lugar común dentro de nuestro léxico económico. Su utilización ha pasado de unos cuantos economistas sofisticados que importaron este diagnóstico a las amas de casa que ya lo utilizan para explicar el costo del mercado, las tarifas de los servicios públicos o la dificultad para conseguir empleo.

Lo cierto es que es una enfermedad y como tal sus efectos son nocivos. Ahora bien, su gravedad depende en buena parte del organismo en el cual se localiza. En el caso nuestro, la diferencia con Holanda, país del cual deriva su nombre, equivale a la del abrazo del pato en un atleta joven, vigoroso, con defensas eficientes, a la misma enfermedad en un organismo débil, sin defensas organizadas y con otro tipo de enfermedades, igual o más graves.
 
Pero además, como cualquier enfermedad, sus causas pueden mutar haciéndose más difícil de combatir por los medios conocidos y agravando los efectos perjudiciales que produce. Esto parece que también ha sucedido en Colombia y no solo contamos con un organismo debilitado sino que el virus que nos aqueja ha mutado y se ha hecho más resistente y peligroso.
Soldado avisado...
 
La verdad es que desde que se implantó la política de apertura en la administración anterior se sabía que si no se contaba con una política fiscal equilibrada y consistente con dicho cambio, si no se dotaba al país con la infraestructura y los medios necesarios para incrementar las exportaciones y si no se reducía la inflación a metas coherentes dentro de este nuevo escenario, la panacea de la apertura se iba a convertir en lo que estamos viendo. Todo ello sin considerar los elementos exógenos, directos e indirectos, derivados de la guerrilla, o de la lucha contra el narcotráfico o del mismo proceso 8000.
 
Pues bien, los últimos seis años han transcurrido y los resultados se han venido produciendo, a pesar de las advertencias iniciales, de las críticas posteriores y al final de la desesperación y pánico con que se observa hoy el panorama económico nacional.
En conclusión, no se ha podido alterar el curso de los acontecimientos y los agentes protagonistas de este proceso siguen, o evadiendo su responsabilidad culpando a otros de lo acaecido, o proyectando un mejor futuro independientemente de que tan concentrados puedan resultar los beneficios y quienes corran con el costo, o modificando impúdicamente metas de crecimiento, empleo o inflación, fijadas más en función del deseo que de su capacidad efectiva de controlar las variables necesarias para alcanzarlas.
 
Este organismo seriamente debilitado, debe combatir una enfermedad Holandesa que mutó, principalmente por el hecho de que la caída del sector exportador inducida en gran parte por la revaluación del peso se ve acompañada de una importante disminución en las importaciones, ocasionada por la recesión interna, lo cual contribuye a su vez a incrementar la revaluación de la moneda.
 
Paralelamente, el desajuste Fiscal viene induciendo a un mayor financiamiento externo; las tasas de interés, dentro de un clima de revaluación siguen atrayendo capital del exterior y, sectores como el petróleo en plena bonanza, aumentan la presión sobre la tasa de cambio.
 
Efecto de atrás Definitivamente, no hemos podido manejar las bonanzas externas con un adecuado control de la inflación. No se trata de no recibir o promover el ingreso de divisas. De lo que se trata es de controlar y reducir la inflación a niveles tales que complementen adecuadamente esa mayor disponibilidad de recursos externos, en un país como el nuestro donde siempre serán necesarios.
Tampoco se le puede decir al sector exportador ni al productor que debe competir en condiciones desequilibradas con las importaciones, que lo peor ya pasó y que a partir del año entrante podrán contar por lo menos con la devaluación nominal que arroja la pendiente del piso de la franja cambiaria como si el efecto acumulado del atraso de la tasa de cambio no contara o la inflación resultante no vaya a producir un mayor desfase en términos de la tasa real de cambio.
 
Hablando de atraso cambiario, después de hacerle caso a las reiteradas observaciones de Analdex, parece que por fin se ha tenido en cuenta la tasa real de cambio sobre los bienes transables y no transables y aquella que pondera la relación del costo de mano de obra. En el primer caso, el atraso es de 20 puntos con relación a 1.986 (Base 100) y en el segundo de 30 puntos. Además, se ha calculado que para mantener constante la tasa de cambio el año entrante, sin recuperar este atraso, el ajuste fiscal debería ser de US$4.000 millones frente a US$2.000 millones solicitados por el gobierno. Parece que el Congreso solo autorizaría una reducción equivalente a US$1.100 millones.
Enfermo terminal Nuestra enfermedad holandesa se previno y diagnosticó a tiempo, tiene mutaciones propias que la hacen más difícil de combatirse y más agresivos sus efectos, pero además, como si fuera poco, el organismo que la padece está en muy malas condiciones y los médicos que se supone deben cuidarlo ni se ponen de acuerdo en el tratamiento, ni tienen ya credibilidad ni la capacidad de riesgo y sacrificio de sus propios intereses para darle el manejo de emergencia que requiere.

Al final de cuentas dólares habrá porque el sector petrolero y el crédito externo lo suministrarán. Pero el esfuerzo exportador de los últimos 30 años se perderá y con ello el empleo que genera. De ahora en adelante los sectores intensivos en capital, con alto componente importado, con vocación interna y dependientes del gasto e inversión pública serán los beneficiados. Vaya cambio.


Posted on martes, 03 de diciembre de 1996 (Archive on jueves, 02 de enero de 1997)
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