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Vanguardia Liberal, La esperanza de Santurbán
Vanguardia Liberal, La esperanza de Santurbán

Desde 2007, ambientalistas, ONG, expertos en conservación, profesores universitarios, ciudadanos del común y recientemente directivas de empresas como el Acueducto Metropolitano de Bucaramanga, han alertado sobre el otorgamiento masivo de títulos mineros en el páramo de Santurbán, lugar donde nace el agua que consumen los bumangueses. Esta ‘ola verde’ que ha ido creciendo, recibió esta semana una noticia esperanzadora que pone en aprietos al sector minero.

El agua que necesitan los bumangueses durante las próximas décadas podría estar garantizada, por lo menos en cierta medida, gracias a que el Ministerio de Ambiente ordenó la semana pasada un nuevo estudio de impacto ambiental a la multinacional canadiense Greystar Resources, que esperaba le otorgaran la licencia ambiental a su proyecto minero Angostura, de oro y plata, en California, Santander.

Luego de más de 15 años de trabajos de exploración, la Greystar recibió un fuerte reversazo que “retrasaría el Proyecto considerablemente y retrasaría la inversión en la región y la creación de nuevos puestos de trabajo”, le dijo a Vanguardia Liberal, Steve Kesler, presidente ejecutivo de la compañía.

Ese mismo reversazo tiene felices a los que defienden la conservación de los páramos, en este caso el de Santurbán -donde se desarrollaría parte del proyecto- y mucho más cuando está en juego el agua que consumen los bumangueses.

Por ahora, quedan en suspenso los intereses económicos de la Greystar y la región con el proyecto Angostura, considerado según los estudios de exploración como uno de los depósitos de oro más grandes de Suramérica aún sin desarrollar. Pero hay mucho más. Según los cálculos de la compañía, de realizarse el proyecto, se estima que la región recibiría la suma de US$15 millones de regalías anuales por la extracción del metal precioso y se generarían 1.500 empleos durante la construcción de la mina y 800 más en la fase de explotación.

Aparentemente, frente a tanta bonanza, ni los más acérrimos detractores de Angostura se esperaban el “frenazo” de la autoridad ambiental. Así lo calificaron los ambientalistas a través de numerosos correos electrónicos que empezaron a circular apenas se conoció la noticia. Pero la razón del Ministerio de Ambiente para solicitar un nuevo estudio de impacto ambiental a la Greystar, es contundente. El 52,9% del área que se necesita para la construcción, montaje y operación de Angostura, que corresponde a 575 hectáreas, es páramo, y la actividad minera en los páramos está prohibida por la legislación colombiana a través del artículo 3 de la Ley 1382 del 9 de febrero de 2010, que recién modificó el Código de Minas. Antes no estaban protegidos .(ver Últimos decretos).

Aún así, la Greystar presentará un recurso de reposición contra el auto emitido por el Ministerio de Ambiente, donde tratará “de demostrar que el proyecto tiene un mínimo impacto ambiental y que el área de páramo afectada será rehabilitada después de las labores mineras”, dijo el presidente ejecutivo de la compañía.

Muy diferente piensa la Corporación Autónoma de Bucaramanga, cuyo concepto sobre el proyecto hace parte de la decisión que tomó el Ministerio de Ambiente. Dice: “(…) por la fragilidad de los ecosistemas de páramos y bosque alto andino y los bienes y servicios que están prestando a la comunidad, la Cdmb concluye que la ejecución del proyecto como está propuesto impactaría en forma grave estos ecosistemas…”.

Desde el punto de vista legal, en la cordillera Oriental donde se encuentra Santurbán, los páramos deberán protegerse a partir de los 3.000 m.s.n.m. y varios de los terrenos que ha comprado la multinacional, superan esa cota.

El proyecto Angostura

En 1994, Greystar inició un intenso programa de exploración en Angostura, a 69 kilómetros de Bucaramanga.

Desde entonces y hasta la fecha, ha adquirido ocho títulos mineros que cubren un área total de aproximadamente 30 mil hectáreas ubicadas en California, Vetas, Suratá, Berlín (Tona) y Matanza; en 1.100 de ellas se desarrollaría el Proyecto Angostura. Estos títulos han sido otorgados directamente por el Estado a través de Ingeominas o adquiridos mediante compra.

La inversión ha sido alta. La suma alcanza los 135 millones de dólares en exploración, adquisición de tierras, estudios ambientales y de ingeniería, programas de responsabilidad social y ambiental, salarios, impuestos y compras en Colombia. Además, la empresa había empezado a buscar US$650 millones en financiamiento de fuentes internacionales.

Según Steve Kesler de la Greystar, Angostura afectaría el 1.6% del área total del páramo de Santurbán (las mismas 575 hectáreas de las que habla el Ministerio de Ambiente), pero el impacto sería mínimo y agrega que mucho antes, “desde la época de la Colonia (estas zonas) han sido intervenidas para adelantar en ellas minería de oro y actividades agrícolas”.

Kesler se refiere a la minería artesanal que se practica en los municipios de Vetas y California, que también ha generado alertas sobre todo por la contaminación del río Suratá, que es el principal abastecedor del agua para el área metropolitana de Bucaramanga.

Precisamente el tema del agua, tan transcendental hoy en día, pareciera estar controlado en el estudio de impacto ambiental realizado por la Greystar para obtener la licencia ambiental de Angostura.

La compañía asegura que está previsto que las tres corrientes de agua que se verían afectadas conserven el líquido suficiente para satisfacer el caudal ecológico de las mismas. “Ese caudal requerido para el proceso será recirculado y reutilizado la mayor parte del tiempo”, agregó Kesler.

Sin embargo, esto no es suficiente para los expertos en el tema. Elkin Briceño, representante de las ONG ambientalistas ante el Consejo Directivo de la Corporación de Defensa de la Meseta de Bucaramanga, Cdmb, explica que para hablar de páramos es necesario hablar a nivel sistémico ya que se afecta en conjunto. “Nosotros defendemos que se aplique el ‘principio de precaución’ que está en la Ley y que se utiliza cuando no existe certeza científica de las consecuencias para el medio ambiente de una acción determinada”, dijo Briceño.

Para el ambientalista, hablar de minería sostenible en un proyecto como Angostura es “totalmente cuestionable porque cambia el paisaje, es agresivo e incide fuertemente no solamente en los páramos, sino en los bosques”.

Greystar, por ahora, dice que “continuará trabajando para que el proyecto permanezca viable financieramente”, aunque la solicitud del Ministerio de Ambiente requerirá que se rediseñe.

últimos decretos sobre licencias ambientales

En los últimos ocho años se reemplazó el Decreto 1728 de 2002 (los páramos, nacimientos de agua y recarga de acuíferos serán objetos de protección especial) por el Decreto 1180 de 2003 que elimina prohibiciones sobre páramos y áreas de reserva y luego por el Decreto 1220 de 2005, que solamente limita la actividad minera de los ecosistemas especiales: “Igualmente, cuando los proyectos... pretendan ser desarrollados en ecosistemas de páramos, humedales y/o manglares, las autoridades ambientales deberán tener en cuenta las determinaciones que sobre la materia se hayan adoptado en relación con la conservación y el uso sostenible de dichos ecosistemas...”.

Luego vino el artículo 3 de la Ley 1382 de febrero 9 de 2010, que modificó el Código de Minas y que prohíbe el desarrollo de la actividad minera en el páramo: “No podrán ejecutarse trabajos y obras de exploración y explotación mineras en zonas declaradas y delimitadas conforme a la normatividad vigente...”.

Títulos mineros por doquier

Greystar no es la única empresa interesada en Santurbán. El mapa de Ingeominas donde se ubican las reservas forestales y la zona de páramos entre Santander y Norte de Santander, justo en el área de influencia del Acueducto Metropolitano de Bucaramanga, amb, es evidente.

El verde corresponde a las zonas de reservas y de páramo, el azul a los títulos mineros ya otorgados y el área roja a la zona donde se concentran las solicitudes de licencias mineras que hasta febrero de 2010 estaban en espera de una decisión del Ingeominas (ver mapa).

German Augusto Figueroa, gerente del Acueducto Metropolitano de Bucaramanga, alertó que en el área donde se ubican las cuencas de las cuales la empresa capta el agua para Bucaramanga, Floridablanca y Girón, hay 40 títulos mineros expedidos que suman 22 mil hectáreas y 39 solicitudes más de licencias mineras que sumarían 125 mil hectáreas. Algunas de ellas están en zona de páramos y hay otras que están cerca de páramos y de los bosques que ha venido adquiriendo el Acueducto, con el objetivo de conservar.

Pero la empresa se enfrenta a una dura competencia por tierras. “Nosotros sólo podemos comprar la tierra según el avalúo del (Instituto geográfico) Agustín Codazzi, mientras la Greystar ofrece lo que quiere”, dijo Figueroa.

El Acueducto Metropolitano de Bucaramanga atiende a más de 1 millón de habitantes y hoy en día capta aguas de los ríos Suratá, Tona y Frío. El embalse de Bucaramanga, ubicado a sólo 12 kilómetros de la ciudad, es la solución de abastecimiento hasta 2032 y luego vendría el proyecto Umpalá que iría hasta 2050 así como el de Piedras Blancas, que garantizaría el abastecimiento de agua hasta 2080. Pero esto no podrá realizarse, según Figueroa, si la minería continúa amenazando las fuentes hídricas.

Durante 2010, el amb ha denunciado esta situación en dos ocasiones al presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, aprovechando consejos comunales en Bucaramanga. El gerente de la empresa ha sido enfático: “Si se siguen otorgando concesiones mineras se va a cambiar un vaso de agua por un vaso de oro”, le dijo a Uribe Vélez. Para Figueroa, el verdadero problema para el agua de Bucaramanga, pasado el año 2010, no será el fenómeno de El Niño, sino la minería. Y no precisamente porque se contaminen las aguas, ya que de ser así la planta de tratamiento del Acueducto estaría en capacidad de tratarlas, aunque a un precio muy alto, sino por la alteración del equilibrio ecológico que provocan los trabajos de minería y que impactan directamente en la cantidad de agua que el páramo genera.

Jairo Puente Brugés, decano de la facultad de Química Ambiental de la Universidad Santo Tomás, también había advertido en una columna publicada en Vanguardia Liberal el 9 de diciembre de 2009, que de poco servirá la represa que se está construyendo para abastecer Bucaramanga “si continuamos arrasando con los páramos y nacimientos de agua por cuenta de la gran minería de oro y carbón”.

Esta es una preocupación nacional. Según datos del Instituto Humbolt, de los 34 complejos de páramos que ocupan 2 millones de hectáreas en el país, un 48% ya está afectado por la minería.

El as bajo la manga

El páramo de Santurbán es una estrella hídrica importante para los dos santanderes y también para Venezuela porque allí nacen las corrientes que vienen a formar el río Zulia (Norte de Santander) y el Suratá, que se une al Lebrija y llega al Magdalena. Así mismo, en el páramo de Berlín, (Tona, Santander), nace el río Tona, donde prácticamente arranca el río Arauca.

Sin embargo, Santurbán también tiene una riqueza mineral, sobre todo de oro. Por eso es que en Vetas y California la minería la ejercen desde hace siglos pequeñas y medianas empresas locales y mineros informales. Pero esto ha ido cambiando en los últimos años, desde cuando las empresas multinacionales pusieron sus ojos sobre la zona. Se dio el choque: ¿conservar o generar minería?

Carlos Suárez, subdirector de planeación de la Cdmb, explica que la minería a cielo abierto, que es la que desarrollaría la Greystar, afecta el agua subterránea porque la intercepta modificando las corrientes y disminuyendo la potencialidad de los acuíferos, a la vegetación porque la elimina y a los suelos porque los remueven.

Por eso, pensando a futuro, la Cdmb y la Corporación Autónoma Regional de Norte de Santander, Corponor, declararon a finales de 2007 un Distrito de Manejo Integrado en el páramo de Berlín, de 44 mil hectáreas, para preservación, producción y recuperación. Santurbán también ha estado en la agenda de las corporaciones ambientales de los dos santanderes, que han adelantado estudios para proponerlo como una gran área de conservación.

Primero se pensó en un Parque Nacional Natural, que es el área de mayor restricción en Colombia, para que albergara 62 mil hectáreas desde los 2.500 m.s.n.m. en adelante. Sin embargo, Corponor declaró en 2008 el Parque Natural Regional Sisavita, de 12 mil hectáreas, buscando proteger una parte del páramo de Santurbán que está en Norte de Santander, excluyéndolo de las actividades mineras.

“Parte del proyecto de Angostura tenía que ver con Sisavita, porque allí estaba planeado que se ubicarían las piscinas donde se le echa cianuro al material para sacar el oro”, dijo el consultor ambiental Elkin Briceño.

La Cdmb, entonces, continuó con sus estudios para declarar como parque regional natural al Complejo Lagunar Santurbán, de más de 19 mil hectáreas, que protegería el ecosistema desde los 3 mil y 3.500 m.s.n.m. en adelante (se ubicaría en el área de Suratá, Vetas, California), un proceso que ya lleva 4 años y que no ha podido concluir con éxito, entre otras cosas por los intensos debates sobre la minería en Santurbán. De ser aprobada esta iniciativa, también se restringiría su uso para la minería.

Lo anterior se suma a que el Acueducto Metropolitano de Bucaramanga logró durante la última asamblea general de la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Públicos (Andesco), que se aprobara la implementación de una política de gestión gremial frente a los ministerios de Minas, Ambiente y demás autoridades competentes, precisamente para evitar el otorgamiento de títulos mineros, en especial en las zonas productoras de agua.

Así las cosas, habría dos formas de detener la minería en zonas protegidas. Una, que Ingeominas dejara de otorgar títulos mineros en páramos y la otra, que el Ministerio de Ambiente continuara con decisiones como la que hoy tiene en ascuas a la Greystar.


Posted on domingo, 02 de mayo de 2010 (Archive on domingo, 02 de mayo de 2010)
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